En mi grupo de amigos somos gente terriblemente inquieta. Con muchas ideas en la cabeza. Con un preocupante exceso de ideas, de hecho. Particularmente comparado con nuestra no menos preocupante falta de perseverancia e inmenso don para perder la atención en un proyecto sustituyéndolo por otro nuevo, por lo general ligeramente más absurdo que el anterior. No todo es nuestra culpa, hay veces que las circunstancias no ayudan y, por qué no decirlo, nunca nos ha frustrado demasiado porque, en el fondo, era casi más divertido idearlo que realmente buscarle una viabilidad práctica a cuanto se nos ocurría.
Con semejante historial de potenciales éxitos abandonados, uno se alegra cuando por fin una idea parece ir a convertirse en algo que, al margen de su calidad final, sea, al menos, tangible.
Concretamente estoy contento de que sea Quettaheru con quien lleve a cabo esto porque conmigo ha sido coartífice de decenas de ideas en las que invertimos no poco tiempo en desarrollar: juegos de rol, páginas web, videoclips paródicos, cómics, etc. Y era él con quien tenía la tarea pendiente de hacer algo más o menos ambicioso en lo que volcarnos y no dejarlo abandonado. Por variar, más que nada.
Tampoco se salvaron amagos de guiones de cortos de complejas tramas con historias cruzadas. Y a eso mismico hemos regresado.
Con una historia por Antonio Castaño Tierno y un servidor, desarrollada en un guión por el anterior y dirigido por quien os escribe, en unos días habrá de grabarse Planes Perfectos, mi primer corto más o menos serio.
Estoy bastante ilusionado con la idea de poder tener por fin algo propio que mostrar que no haya sido grabado con una Handycam miniDV. Más ilusión me hace la idea de que sea concretamente en el país azteca donde lo grabe, y todavía más si es con la enorme ayuda y respaldo de Sergio Tovar Velarde y Edgar Barrón, la gente con la que tengo la suerte de trabajar aquí.
La fase de preproducción está pasando por ciertas dificultades y estamos en plena carrera por hacer que el proyecto sea realizable en los escasísimos días de los que dispongo en México, de modo que no hay nada garantizado. Algo que sí tengo claro es que voy a hacer todo lo posible y si se cae, por una vez, no va a ser por nuestra falta de voluntad.
Sé que después de la apasionante última entrada sólo deseáis que vuelva a actualizar sobre mis andanzas en México. Sin embargo hoy, si bien el tema no deja de estar relacionado con tan hermoso país, no quiero hablar de mí.
Mediante una canción de las que no abundan, de las que trascienden su notable calidad musical y lírica para invitar además a una reflexión profunda, quiero tratar un tema que a todos nos identifica: las relaciones filiopaternales. Concretamente esas luchas que durante años hemos librado con nuestros padres y de vez en cuando regresan para recordarnos que, tengamos la edad que tengamos, no han perdido completamente su vigencia.
Quién no ha pasado horas y horas discutiendo con sus padres sobre la hora de volver a casa. Quién no se ha encerrado en su cuarto sintiéndose marginado al ser el único al que sus padres no dejaban ir a la fiesta, botellón, etc de turno. Quién no le ha gritado a su padre alguna vez la pregunta: ¡¿pero por qué le colgaste a mi booyfriend?!
Desde luego habría tenido muchos menos problemas con mi padre si hubiera vestido con poncho y sombrero mexicano dentro de la casa.
-Él sí me quiere, dad, ¿ya no te acuerdas, dad?
¡Tú a mi mom te la robaste cuando ella tenía mi edad!
-Pues sí, sí me la robé,
pero ella sabíar tortear en fogón, ¡tú, puro microwave!
La sabiduría, aquí encarnada por el progenitor, nos muestra cómo la madurez mental de una mujer y por tanto su ideoneidad para tener una relación es directamente proporcional a su capacidad como cocinera.
Tú y mi mamá no cambian
Son bien aburridos.
Ya no están en su rancho,
¡están en Estados Unidos!
La hija, sin embargo, argumenta que ya no son vulgares rancheros mexicanos anclados a tradiciones mojigatas. Ahora están en los States y deben modernizarse y adaptarse a la liberal forma de vida estadounidense.
No sé de qué lado ponerme. Pero mejor así, no quiero influiros. La canción da para un profundo análisis sociológico, pero lo dejaré ahí para dejar que vosotros lo meditéis.
La hija se llama Yolanda Pérez, la “Potranquita”, y se supone que la canción es suya, aunque estaréis de acuerdo conmigo en que el protagonista absoluto es el padre.
Él resulta ser Don Cheto, un personaje famoso entre la población inmigrante de habla hispana en California, donde, al igual que en el vídeo, interpreta el estereotipo mexicano. Ha tenido programas de radio, ha sacado discos y en la actualidad presenta un programa de televisión. Tiene incluso colaboraciones con Calle 13 y podéis ver en la reacción del público y los comentarios del vídeo que es para muchos tan estrella como el mismísimo grupo puertorriqueño. En la canción del vídeo Don Cheto habla de los espaldas mojadas y culpa de la inmigración ilegal a la autoridad mexicana y sus mordidas, la corrupción cotidiana en México. Lo cual da una imagen de él bastante menos plana de la que uno puede extraer del dueto con la “Potranquita”.
Si alguien, por cierto, quedó prendadito de los sensuales movimientos y pícaras miradas de Yolanda, añadiré que la canción tiene casi 6 años, tiempo más que suficiente para que la joven haya aprendido a cocinar y puedas pedir la mano a su padre.
¿Alguien ha tenido que ocultar inevitablemente una relación ante sus padres o, aún peor, ha sido la pareja en la sombra de quien los “suegros”, por llamarlos de algún modo, no podían conocer la existencia? Yo lo segundo, a los 16, en mi primera relación medio estable.
Tenía la sensación de no dejar de hacer maletas. En 10 días había preparado el equipaje para Dijon-Badajoz, Badajoz-Almería y Almería-México DF.
Fear of the South – Tin Hat Trio
Tras una Nochevieja con baño en el Mediterráneo incluido, había dormido unas tres horas la primera mañana del 2010. Por la tarde había volado a Madrid, donde había pasado la noche sin salir del aeropuerto ni dormir, y de madrugada había subido al avión que me llevaría a Frankfurt. Allí me había acostado ocupando tres incómodas sillas durante un par de horas, para luego hacer el vuelo al Distrito Federal.
Llegó un punto en que perdí por completo la noción del tiempo. La falta de sueño y volar en la dirección del sol, que provocaba que el día fuera mucho más largo, hicieron que la percepción del transcurrir de las horas se me escapara por completo. El viaje me lo pasé medio zombie, zigzagueando en la frontera entre un estado de leve consciencia y un sueño ligero, durante las 12 horas que duró.
Por fin llego. Tras pasar los trámites de inmigración, comprar pesos mexicanos (nota mental: NUNCA cambiar el dinero antes de pasar las aduanas; aunque al recoger el equipaje sólo veas un sitio donde comprar la moneda local, hay miles con mejores precios fuera en las tiendas del aeropuerto) y esperar una hora para una cola en las aduanas que no era la mía y otra hora en la correcta, me dirijo hacia el metro. Hay que salir del aeropuerto y caminar varios minutos. Bajo las escaleras con mochila, maleta y trolley. La mujer de la taquilla no tiene cambio y yo sólo tengo billetes. Maravilloso. Vuelta a subir las escaleras y al aeropuerto. Los pastelitos que compro para tener cambio están muy buenos. Decido no perder la oportunidad de hacer algo tan guiri como preguntar a la señora que me los vende acerca de las distintas monedas y billetes que hay en circulación.
Creo que las curiosidades mexicanas las voy a compartir en el mismo orden en el que me las fui encontrando. No todas os van a resultar igual de exóticas, pero creo que todas son dignas de mención.
Como sé que algunas no dejan de ser impresiones prematuras de un país que creo que no voy a llegar a conocer en tan poco tiempo, agradeceré cualquier corrección, matización o simplemente opinión diferente que cualquiera esté dispuesto a aportar.
Estoy en el metro. Aquí me topo por primera vez con una de las grandes diferencias con respecto a España: los precios. He oído que el metro de Madrid se considera barato porque cuesta un euro. Aquí el viaje sencillo lo acaban de subir poco tiempo antes de que llegue. De dos ha pasado a tres pesos. Tres pesos, estimando la equivalencia con a unos 18 pesos por euro, son algo menos de 17 céntimos.
Es muy raro que en el intervalo entre una estación y la siguiente no haya alguien en el vagón tratando de vender algo, soltando una retahíla bien aprendida sobre su producto. Sobre todo discos. Estos suelen ir con una mochila con altavoces por los que suena a toda mecha lo que intentan vender. A menudo son recopilatorios en mp3: 400 éxitos del momento, las 350 mejores rancheras, 500 canciones de reggaeton… Es realmente curioso ver cómo casi matemáticamente en la misma estación en la que se baja un vendedor se sube otro en el vagón vendiendo un género distinto. Otras veces se trata de algo más cultural, como un DVD con 26 maravillas turísticas de México, o un disco lleno de libros electrónicos, poemas, música clásica y enciclopedias. No verás a dos personas vendiendo la misma recopilación. A diferencia de los top manta, aquí la diferenciación sí es una estrategia. El precio está estandarizado en 10 pesos (unos 56 céntimos).
Varias semanas después, la segunda vez que usé el metro, terminaría comprando el disco de las maravillas de México para saber a qué aspirar en caso de hacer turismo. Resultó ser un VCD con los píxeles del tamaño de una uña, pero cumplió su cometido y pude ver todos los preciosos lugares que no tendré dinero ni tiempo de visitar.
Que tenga transcritas en un papel las instrucciones con los transbordos que tengo que hacer no impide que me suba en la dirección contraria, terminando en un extremo de la línea, bajándome y volviéndome a subir al mismo vagón. Lejos de querer justificar mi obvia torpeza, cabe mencionar que la señalización del metro defeño no es parecida a la del de Madrid. Lo cual aporta a mis primeras horas en tierras aztecas, sin duda, cierto carácter aventuresco.
Salgo al exterior y el hotel está cruzando la calle, lo cual es de agradecer porque las estaciones de metro están separadísimas entre sí. Mi reloj, aún con la hora española, marca las 6 y pico de la mañana. Pero aquí son las 11 y tengo hambre. Con la errónea idea de que en una ciudad tan grande como el Distrito Federal y en una zona céntrica como el Paseo de la Reforma tiene que ser fácil encontrar comercios abiertos a todas horas, dejo el equipaje en el hotel y marcho en busca de algún lugar donde comer algo barato. Veo a lo lejos el pico de un enorme árbol de navidad iluminado, y como he leído en una revista de turismo en el aeropuerto que han hecho en México el árbol de navidad más grande del mundo, me acerco a investigar.
Las farolas aquí suelen dar una luz bastante tenue. Muchas veces apenas ves el rostro de quien te cruzas hasta estar a pocos metros. En este momento la calle está completamente desierta. Con la concepción de México como ciudad de delincuentes que diversas personas me han creado en la cabeza, me pongo en tensión con cualquier coche que hace el más mínimo gesto de aminorar la velocidad al pasar por mi lado. Quizás debería haberme aguantado el hambre. Tras caminar varias cuadras descubro que el árbol no tiene pinta de ser el de la revista, sino más bien una antena de comunicaciones sobre la que han puesto una especie de cono feo iluminado. Pido un hot dog en una tienda de las que abren 24 horas, un Eleven que hace esquina. Desde esa noche arrastro una de esas dudas que te persiguen. Por qué se llama Eleven, si el logo es un 7.
Esta es la vista desde mi cuarto al Paseo de la Reforma.
Creo que ya he explotado lo suficiente vuestra paciencia por hoy.
No suelo ser muy carnavalero pero, ahora que no tengo la opción de disfrutar el carnaval de mi ciudad, lo echo de menos. Pasadlo bien por mí, que el año que viene trataré de no perdérmelo.
“Juguetes nuestros, didácticos, no una cosa que envenena la mente de los niños, los juguetes capitalistas. Díganme esos juegos que llaman ‘Plai Estesion’… ¡Un veneno! Hay un juego incluso para matar, que enseña a matar. Una vez hicieron incluso uno con la cara mía incluso. ¡Sí! Hay que matar a Chávez, buscando a Chávez pa’ matarlo. Sí, bombardean ciudades, tiran bombas. ‘Plai estesio’. ¿Qué es eso, eh? ¡Ah! ¡Es el capitalismo!, sembrando violencia. Para luego vender armas.”
Ahora lo entiendo todo. De modo que la industria armamentística capitalista impulsa la creación de videojuegos violentos para que queramos comprar armas. No es que la violencia sea algo que se pueda disfrutar en la ficción ni que los usuarios de armas quizás no sean los mayores consumidores de videojuegos del mundo, sino algo parecido a lo que pasa con las películas porno, que terminan metiendo esa absurda idea de follar en la cabeza de todo el mundo.
De hecho, no es difícil entrever que tras juegos de apariencia inocente como el Pac-Man hay intereses de corporaciones como los Cazafantasmas.
Aunque la visión de Chávez sobre los videojuegos no es tan emocionante como la del pastor Josue Yrion, es igualmente increíble a lo que puede llegar alguien cuando sus perspectivas del mundo se cierran hasta el punto de que se ve a a sí mismo como el salvador de la humanidad. Yo los pondría juntos en un congreso del humor. De hecho, pagaría por verlos discutir. Que si es el perverso capitalismo lo que está hasta en los peos que uno se tira, que si son las malvadas hordas de Satán… Porque uno prefiere reír en vez de echarse las manos a la cabeza, aunque es preocupante si te paras a pensar que uno gobierna un país y el otro es seguido por varios miles de personas y no es un caso aislado.
Volviendo al tema, he echado un vistazo en la Wikipedia para ver de qué iba exactamente el programa. El Aló Presidente es un programa presentado y protagonizado por Chávez que comienza todos los domingos a las 11 de la mañana y termina cuando lo diga el presi, siendo su duración de entre una hora y media y ocho horas. Se emite por el Sistema Nacional de Medios Públicos de Venezuela, es decir, por todas las televisiones que son propiedad del Estado. En directo desde el programa ha ordenado en que se situaran tropas en la frontera y que se retirara todo el personal diplomático venezolano en Colombia, cuando las tropas de ésta se metieron en territorio ecuatoriano para bombardear un campamento de las FARC.
Como dicen en el blog de Yahoo! Juegos, donde me he encontrado con el vídeo, “me encanta el programa de Hugo Chávez en la televisión de Venezuela. Es como el programa de Ana Rosa, solo que en vez de haber cinco colaboradores dándole la razón en todo, está él solo y se da la razón a sí mismo.”
Con estas cosas uno corre el riesgo de entrar buscando una cosa y encontrar veinte más, pero voy a dejar que ese trabajo lo hagáis vosotros, si tenéis tiempo y ganas. Menos por este vídeo, en el que Hugo Chávez arremete contra los propios cámaras de su programa por cobrar las horas extras en domingo. Tal cual.
“Hoy es domingo y aquí estamos todos. Nadie nos está pagando. (…) ¿Acaso es que nosotros vinimos aquí a cobrar? Ah, bueno, menos los del Canal 8, los del Canal 8 sí. Ellos se alegran: mientras más largo es el Aló Presidente, mejor pa ellos, porque cobran por hora. Una cosa perversa. Mírame, mírame, estee, camarógrafo, mírame, mírame. ¡Ustedes! ¡Ustedes tienen un vicio! (..) ¿Cuánto es que cobran por hora el domingos? (…) Dime, dime. ¡Oigan estas degeneraciones, que están vivas! (…) ¡Ocho horas por cada hora extra! Y entonces si se quiere cambiar eso… Ah, no, ahora hago zafarrancho. Algunos amenazan. (…) Porque eso está firmado en lo que llaman, ¿cómo es?… los contratos colectivos… ¡a costa del Estado!”
El pobre cámara dice que lo haría igual aunque no le pagaran y asegura ser revolucionario, mientras se dice a sí mismo que por hora en vez de 8 le deberían pagar mucho más.
Pero bueno, hablemos de algo interesante. ¿Por qué fase vais del juego de asesinar a Chávez? ¿Cómo os están funcionando los tutoriales de matar?
“¿Qué busca, señor? ¡Programas, juegos para PC y Mac!”
Sergio y yo caminamos decididos por la acera en dirección a la Plaza de la Tecnología.En México, al menos por la zona céntrica del Distrito Federal, es bastante habitual que los vendedores se dirijan directamente a ti cuando pasas, aunque no hayas hecho el menor gesto indicativo de interés hacia su mercancía. Lo hacen desde en los puestos callejeros de calcetines hasta en la puerta de una tienda de trajes para hombre (donde, por cierto, consiguieron que me comprara una chaqueta de traje, aquí llamada saco). Lógicamente, los chavales que venden software pirata no son una excepción.
Como es cansino decir “no, gracias” cada 40 segundos y algo violento ignorar a alguien que te está mirando a los ojos, lo más aconsejable, y algo que aún me cuesta hacer, es evitar el contacto visual.
Pasamos junto a un puesto de películas piratas.
-Espera un momento-. dice Sergio. Se dirige al hombre: -¿Tienes “Mi último día”?
-Creo que no, señor, esa no.
A Sergio le disgusta que su película no esté en el top manta, aunque aquí no se llama así.
La Plaza de la Tecnología, también llamada de la Computación, no es lo que un español espera de una plaza. Más bien el interior un edificio de un par de plantas con pasillos repletos de decenas de pequeños puestos en los que reparan y venden móviles, ordenadores y videoconsolas.
Alguno quizás se pregunte qué hago en México, si se supone que estoy de Erasmus en Francia.De hecho tampoco he publicado sobre mi estancia allí. Supongo que tiene que ver con que cuando más vives más te ocupas de vivirlo y menos de escribirlo, aunque es justamente cuando más material tienes para escribir.
En realidad estoy aquí en gran parte por casualidad.
En el curso en Francia, del que no quiero hablar mucho para permitirme escribir una entrada decente cuando vuelva a estar por allí, me exigían 3 meses de prácticas profesionales que podía hacer donde se me antojara, siempre que yo encontrara y contactara a la empresa de acogida. La posibilidad de hacerlas en Francia era bastante recomendable por aquello de seguir practicando el idioma. Pero Latinoamérica siempre me ha atraído. Como este verano voy a Chile a estudiar un cuatrimestre, quería buscar algo por Cuba o México, y así vivir una especie de nueva Erasmus dentro de mi Erasmus.
La casualidad estuvo en la forma de encontrarlo. Y es que de vuelta del fugaz viaje a Granada que fue el detonante de esta entrada, buscando un rincón donde pasar la noche en el aeropuerto de Madrid, me topé con Juan Pablo, un simpático mexicano al que había conocido en Dijon y que, tras pasar unos días visitando España, volvía a Francia en el mismo vuelo que yo.Y claro, en la conversación que mantuvimos sentados contra una columna en Barajas y que se prolongó hasta la mañana, se me ocurrió preguntarle sin optimismo alguno si conocía a alguien en la industria del cine que yo pudiera utilizar como contacto para hacer las prácticas en México. Resultó tener un primo director que había hecho su primer largometraje. Es curioso, porque probablemente no se me habría ocurrido preguntarle de ningún otro modo, ya que no tenía excesiva relación con él y no le volví a ver en Francia.
Y aquí estoy, por raro que suene, de Erasmus en México.
Sergio, el primo de Juan Pablo, así como Edgar, el productor con el que trabaja, han resultado ser geniales personas con las que en unos días ya tenía confianza. Y, sólo en caso de que algún listillo se haya dado cuenta malpensado sospeche, que conste que no escribo esto porque probablemente lo vayan a leer y mi subsistencia en México dependa básicamente de ellos.
Creo que estoy acumulando curiosidades y anécdotas que merecen que reviva el ángel exterminador, por lo menos durante una temporadita.
Ante todo soy alguien positivo, de modo que, como he dicho en unos cinco Extremúsikas, un Guoman, un eFindex y otros 11 eventos y viajes, si algún lector piensa pasarse por aquí, o incluso si vive aquí (algo totalmente plausible dada la proyección internacional del blog), ya sabe.
Si me diste la espada
justo cuando te necesité…
Ahora no tiene importancia.
Ahora existen mil demonios
ocupando tu lugar.
Que algunas cosas nunca cambian
y otras tienen que cambiar
para hacernos sitio,
que podamos respirar.
No siento en la vida nada más
que estar hecho de un solo metal
y que tú estés hecha de tantos metales.
No lamento nada más
que no poder estar contigo
que es donde quería estar.
Y ahora quiero
perderme y no encontrarte nunca más.
Sale el sol y da
contra el cristal.
Si no quebranta el vidrio,
qué coño va a quebrantar.
Si volvemos a vernos
algún día por casualidad
no podrás decir que yo no lo intenté;
que me dejé la piel y la cabeza
intentando resolver
el enigma que impide que te pueda comprender
que se interpone entre nosotros como una pared.
Si nos vemos de nuevo…
Si me diste la espalda – Los Planetas
“Nunca dejes de luchar por lo que quieres”.
La frase con la que terminó la conversación en cualquier otro momento me habría parecido algo vacía, casi una de esas que películas o canciones de moraleja simple revisten de filosofía de vida y terminan en nicks de adolescentes.
Pero en ese momento me hizo pensar. Porque no lo había hecho. No había hecho nada y había dejado que otros lucharan por lo que yo quería, hasta que se habían cansado. Y, pensándolo, quizás no era la primera vez, pero sí la que más me dolía.
Dañar a una de las personas que más me importa no era algo que yo quisiera.
Que una relación que había durado dos años, el máximo que nadie ha llegado a aguantarme, a pesar de límites difusos, vaivenes y distancias, terminara de esa forma, no era algo que yo quisiera.
El problema estaba, obviamente, en definir lo que yo quería, lo cual era complicado. Es fácil tener claro lo que de ninguna manera quieres, pero todo lo demás, lo que estás dispuesto a no rechazar e incluso lo que deseas, a veces se pierde en una neblina de pensamientos y actos confusos e incluso contradictorios.
Hace unos años todo era mucho más claro. La ruptura de mi primera relación supuso una ruptura conmigo. Me hizo llegar a conclusiones en muchos aspectos, desarrollando una serie de formas de pensar de las cuales bastantes reflejé en el ángel exterminador.
Ahora las leo y pienso que pecaba de idealista, de ingenuo y de necesitar certezas a las que aferrarme.
Y puede que fuera así, pero aquellas ideas eran coherentes entre sí y yo era medianamente consecuente con ellas.
Con el paso de los años he evolucionado hacia una postura más pragmática pero sin llegar a perder del todo parte de aquella forma de pensar. Podría pensar que lo que he hecho ha sido madurar, pero en momentos como este me pregunto si realmente ha sido un progreso.
Cada vez más he actuado buscando mi bien inmediato, sin guiarme tanto por directrices morales. He llegado a hacer cosas que chocarían frontalmente con algunas de las ideas de las David de entonces. Y probablemente con las del David de ahora, si cuestionara mis actos más de lo que hago.
Así, en las relaciones he pasado de ser de algún modo la víctima a ser el que daña. Aunque lo pasara peor, en cierta manera era más sencillo entonces porque mi responsabilidad parecía limitarse a sacar conclusiones sobre lo que había ocurrido, darme energías y superarlo. En realidad yo salía reforzado.
Ahora es ver a alguien que me importa sufrir por mis actos, a menudo asumir que he hecho algo mal y preguntarme el qué. Supongo ya era hora.
E imagino que parte de las causas de ese cambio es que también en algunos aspectos de mi forma de ser soy muy distinto a entonces, sin que necesariamente mis ideas al respecto hayan variado demasiado.
Yo solía defender que había que ser racional para tomar decisiones racionales, pero que para vivencias de tipo sentimental había que dejarse llevar por los impulsos. Ahora me dejo llevar, sí, pero desde cierta distancia. Asumiendo la perspectiva de que todo lo que pase antes o después terminará y tengo que estar preparado. De ese modo dejo que parte mí entre a trapo y se arriesgue mientras mi otro yo vigila, frío, recordándome que el largo plazo no existe.
He pasado de defender la verdad y la transparencia total como valores absolutos a defenderlos a medias, y a menudo cuando me interesa. Ahora soy yo el que no se comunica al 100%, quien evita que ciertos pensamientos y sensaciones salgan de su voz en off mental.
Y soy yo el que es capaz de dividir su mente en compartimientos estanco y dejar que varias experiencias vitales como relaciones no se influyan entre sí.
No todos los cambios son a peor, ni soy todo lo contrario a lo que era. Aún me cruzo con gente a la que verdaderamente le cuesta o no valora comunicarse, que es una estatua de hielo con y sin proponérselo y que controla por completo cómo y cuánto quiere vivir lo que vive.
Lo que ha cambiado es que entre ese especímen, cuya actitud yo siempre criticaba, y yo, la diferencia se ha vuelto gradual, cuantitativa. No soy tan distinto a ellos. No hay una línea clara. A veces soy como ellos, sólo que menos.
De ser capaz de recitar mi manual de instrucciones a cualquier nueva pareja que tuviera he pasado a ser yo el que está hecho de tantos metales, el complicado, el que daña y provoca que mil demonios le sustituyan.
Por eso, antes que llorar sobre el teclado por una ruptura, me dio por poner en palabras los problemas que han llevado a ella, que están en mí y que si no hago nada me perseguirán durante la relación actual, la siguiente y la de después.
Al igual que alguien puede conducir sin volante en una carretera recta, uno puede vivir siendo más o menos consciente de sus contradicciones sin cuestionárselas demasiado hasta que llega una curva y le hacen estrellarse.
Del hecho de haber perdido innecesariamente a una persona que me era tan valiosa me consuela sólo saber que, a día de hoy, es lo mejor para ella.
Y que probablemente es lo que yo necesitaba para reaccionar.
No sé muy bien de qué ha servido esta entrada, ni exactamente cuáles ni cómo, pero creo que tengo bastantes cosas por cambiar.
Gracias a ti, por correr a mi ritmo persiguiendo una felicidad plena que nunca llegaba.
When there’s a trap set up for you
In every corner of this town
And so you learn the only way to go is underground
When there’s a trap set up for you
In every corner of your room
And so you learn the only way to go is through the roof
Through the roof n’ underground – Gogol Bordello
Como viene a ocurrir siempre que hay un tiempo límite para hacer algo, ya sea en exámenes, entregas de trabajo o viajes, me encuentro con que tengo que hacer a última hora y a trompicones cosas que debería o quería haber hecho antes. Y ni puedo hacerlas todas.
Como escribir una entrada de despedida. Esta noche subo a un bus que me llevará a Madrid y mañana a estas horas estoy en tierras galas.
Aunque podría llegar a ser tentador dar gracias a la gente como si mi vida fuera un disco, no lo voy a hacer.
Pero es cierto que este curso ha sido uno de los mejores. He conocido a gente genial y tengo muy buenos amigos, dentro y fuera de la facultad, en Badajoz, Almería y más sitios.
Y en parte me cuesta irme, porque puede que cuando vuelva haya cambiado todo. Compañeros de la carrera que ya no estarán, amigos que quizás estén trabajando o estudiando fuera, haciendo su propia erasmus…
Os mantendré informados sobre mis andazas por allí.
Si alguien pasa por Francia, y para algunos esto tiene más de orden que de sugerencia, que se deje ver un poquito.
En estas épocas estivales, el equipo de tresneuronas.net se ha desplazado oportunamente a la costa para traerle al pequeño empresario algún consejo con el que prácticamente garantizar su éxito.
tresneuronas.net recomienda:
En ortografía, como en la vida, ante la duda siempre apostar por lo seguro.
Como acertar seguro. Y fallar seguro.
De este modo, hay quien se resigna a que el nombre de su comercio pierda la posibilidad de estar del todo correctamente escrito en pos de la certeza de que al menos siempre estará parcialmente bien escrito.
Ejemplo hallado en el barrio del Zapillo, en Almería:
Este es un caso en que la disyuntiva existe únicamente entre virgen y birgen. En caso de hallarnos también en el eterno dilema entre g y j, habría sido apropiado realizar un cartel con cada una de las posibilidades: Virgen, Virjen, Birgen y Birjen.
PD: Esta debería ser una entrada con la que anunciar que estoy en Almería, pero debido publicándola a estas alturas ya sólo viene a decir que me queda algo más de una semana aquí.
Este fin de semana toca Espantapitas. Mejor no hacer esta vez una llamada a un encuentro con los lectores, después de la abrumadora acogida de mi último aviso de asistencia a un festival.
Luego la feria. Mi última feria de Almería en al menos dos años, ya que el que viene espero estar en Chile por estas fechas.
Alguna despedida, y el 31 de vuelta en Badajoz. Dos exámenes, más despedidas, y el 22 de septiembre en Francia.
Y bueno, sé que no es un gran honor, pero me apetece poner una canción por algunas personas de las que me voy a despedir aquí y por las que siento Almería tan mía como Badajoz. Escúchenla antes de que me ponga tienno.
Boa Sorte / Good Luck – Vanessa Da Mata (feat. Ben Harper)
Estoy en Madrid. A ver si consigo trabajo y, en el más probable caso contrario, sobrevivir en la capital durante unos días con el escaso dinero que llevo encima, hasta que la precariedad me haga retirarme a Almería con mi familia.
Para quedar, ofrecerme trabajo o simplemente insultarme, a la izquierda de sus pantallas tienen cómo contactarme.
Hay veces que uno tiene experiencias jodidas. Otras veces las tiene muy jodidas. Y luego hay historias como ésta, extraída de una conversación de AIM.
A pesar de la posibilidad de que sea un fake, y a riesgo de que aumenten las visitas por búsquedas relacionadas con sexo, creo que su lectura es imprescindible.
Y, como es gratis, la reproduzco:
GuyGuy: Estoy jodidamente muerto, colega.
Bilbo22: ¿Qué pasa?
GuyGuy: Bueno, esto va a necesitar una explicación.
Bilbo22: Dale.
GuyGuy: Muy bien. Mi esposa se vuelve loca cuando me corro dentro de ella. Le gusta la sensación del disparo líquido en su interior o algo así, porque está absolutamente chiflada por el tema. Es como un maldito fetichismo.
GuyGuy: El caso es que la semana pasada se pasó totalmente con esto. Estábamos haciéndolo y todo iba muy bien, pero cuando le dije que estaba a punto de correrme ella me agarró del mango, se lo sacó de un tirón, sacó un puto tarro del cajón de la mesita de noche y recogió mi maldito esperma en él.
Bilbo22: ¿Pero qué cojones?
GuyGuy: Así es. Increíblemente jodido.
Bilbo22: No, me refiero al hecho de que me estés contando esta mierda a mí. No quiero oír esto.
GuyGuy: Es importante, tío, deja que termine.
Bilbo22: Vale, vale.
GuyGuy: En fin, me estaba preguntando qué coño se traía entre manos y entonces me dice que quiere ir guardando mi semen para tenerlo todo de una vez. Así que mete el frasco en la nevera y me dice que no tendremos más sexo hasta que llene el cacharro por completo.
GuyGuy: Y resumiendo, simplemente no tengo tanto jugo en mi interior, por lo que después de una semana machacándomela para tratar de llenar el frasco, sentía que el pene me iba a explotar. Así que decidí hacer trampa y terminé de llenar el frasco con el jabón Dove que ella usa, porque se parece mucho al semen.
Bilbo22: Oh, Dios, creo que sé cómo termina esto.
GuyGuy: Así que le di el tarro lleno haciéndome el indignado por obligarme a hacer aquello, y ella me prometió un montón de sexo guarro por ello.
GuyGuy: Luego saca una puta pera de goma de su tocador, succiona el contenido del tarro con la pera, mete la punta de la pera en su coño y se lo inyecta todo.
GuyGuy: Y resulta que, al parecer, el jabón quema como un hijo de puta cuando lo introduces en el coño de una mujer.
Bilbo22: ¡Oh, mierda! ¿Cuando cojones fue eso?
GuyGuy: Hace como diez minutos.
Bilbo22: Entonces, ¿qué coño estás haciendo en el AIM?
GuyGuy: ¿Estás de coña? Ha estado en el cuarto de baño gritando como un maldito demonio durante los últimos diez minutos.
GuyGuy: Necesitaba aprovechar el momento. Si me mata ahora, tengo un testigo que pueda testificar en su contra.
GuyGuy: Oh, mierda, está saliendo ahora. ¡Si no tienes noticias mías en unos días, llama a la policía!
Bilbo22: Me aseguraré de comprobar si tu cuerpo anda bajo el porche.
Lo he encontrado en el blog de Inner el Pendejo que, aviso, es algo NSFW y quizás no lo quieras visitar ahora si está cerca tu jefe, algún sobrino al que todavía le quede infancia o alguien ante quien no reconocerías que consumes pr0no.
Aunque la traducción es de Inner le he cambiado algunas cosas concretas que en mi opinión quedaban algo forzadas.
Yo prácticamente no sabía que existían las becas de estudios en el extranjero, o no me había interesado por ellas. Pero desde que una amiga me comentó que se iba a Argentina, sólo sentí envidia.
Así soy yo. Culo veo, culo quiero.
No lo publiqué primero por incertidumbre y luego por otras muchas cosas que ocuparon mi mente, pero no pedí sólo la Erasmus.
Además del año que voy a pasar en Francia, tengo otra beca para estudiar en Santiago de Chile durante un cuatrimestre. Si nada se tuerce me iría apenas un mes después de volver de Francia, o sea, dentro de un año y unas semanas.
Aunque no quise mencionarlo cuando hablé de la Erasmus, para mí es como el plan definitivo. De esas etapas en la vida después de las cuales no sabes qué vas a hacer para que las que sigan estén a la altura. Si la idea de irse a estudiar un año al extranjero ya es seductora, imaginad la de irse un año y medio a dos países distintos. Y muy particularmente cuando el segundo está en Latinoamérica y los estudios son de aquello a lo que en mi utópico proyecto personal quiero dedicarme: el cine.
Las expectativas con respecto a mi vida a medio plazo han cambiado por completo. Y eso influye en la actitud con la que vivo, al menos de puertas para adentro. La idea de quedarme en Badajoz no me molestaba, de hecho me pensé bastante lo de irme, pero estoy mucho más motivado sabiendo que se avecinan tantos cambios.
Una experiencia de este tipo tiene varias caras.
Por un lado sabes que hay un cambio radical en tu vida a todos los niveles. Se termina la rutina con la que he vivido los últimos años y hay una mezcla de ilusión y cierto miedo. Sabes que es un antes y un después. Esta sensación está en mi cabeza irremediablemente vinculada a la canción Where is my mind, de los Pixies.
Sin embargo, al margen de las expectativas ante la experiencia, siento algo más visceral que no puedo definir mejor que como una insaciable sed de viajar, la necesidad de dejar el sitio al que pertenezco, conocer nuevos lugares y crecer así.
Y mi banda sonora particular para esto no puede ser otra que Wonderlust King, de los increíbles Gogol Bordello.
He hecho una traducción bastante libre de la letra de la canción, usando esta otra para la parte en que habla en ruso, si es que eso es ruso romaní (Actualización:tiu Cancho afirma que probablemente es romaní y me ha corregido una palabra mal traducida). Si no escucho esta canción y otras tantas del grupo en concierto antes de morir, probablemente trate de llevarme a varios por delante sólo por joder.
Back in the day, yo, as we learned
A man was not considered to be
Considered to be fully grown
Has he not gone beyond the hills
Has he not crossed the seven seas
(Yeah, seven seas at least!)
En aquellos tiempos, como aprendimos
A un hombre no se le consideraba adulto
De no haber ido más allá de las montañas
De no haber cruzado los siete mares
(¡Sí, siete mares como mínimo!)
Now all them jokers kept around
Just like the scarecrows in hometown
(Yeah, scarecrows in hometown)
From screen to screen they’re traveling
But I’m a wonderlust king!
Todos aquellos payasos se quedaron por allí
Como espantapájaros en su ciudad. (Sí, espantapájaros en su ciudad)
De pantalla en pantalla viajan.
¡Pero yo soy un rey viajero!
I stay on the run
Let me out
Let me be gone
In the world’s beat up road sign
I saw new history of time
New history of time!
Me mantengo en movimiento
Dejadme salir
Dejadme ir
En la estropeada señal de carretera del mundo
Yo vi una nueva historia del tiempo
¡Nueva historia del tiempo!
Through Siberian woods
Breaking up their neck
(Breaking up their neck!)
Chinese moving in, building discoteques
(Building discoteques!)
Trans-Siberian sex toys and what-not
(Yeah, and why not?)
Well at least it’s something different
From what they got in every other airport
A través de bosques siberianos
Rompiéndose el cuello (¡Rompiéndose el cuello!)
Chinos mudándose, construyendo discotecas
(¡Construyendo discotecas!) Juguetes sexuales transiberianos, y lo que no lo son
(Sí, ¿y por qué no?)
Bueno, al menos es algo distinto
De lo que tienen en cualquier otro aeropuerto
Ja ne evrei, no koje-chto pohozge
Sovrat ne dast ni Yura ni Seryozga!
Simply because I’m not a total gadjo
Da ja shut, ja tziratch, nu tak stozge?
No soy judío, pero me parezco.
Y ni Yura ni Sereja me dejarán mentir
Simplemente porque no soy un gitano del todo payo
Bueno, quizá sea un payaso, un bromista, pero… ¿y qué?
I traveled the world
Looking for understanding
Of the times that we live in
Hunting and gathering first-hand information
Challenging definitions of sin
Viajé por el mundo
Buscando la comprensión
De los tiempos en los que vivimos
Cazando y reuniendo información de primera mano
Desafiando definiciones de pecado
I traveled the world
Looking for lovers
Of the ultimate beauty
But never settled in
I am a wonderlust king!
Viajé por el mundo
Buscando a amantes
De la máxima belleza
Pero nunca eché raíces
¡Soy un rey viajero!
I stay on the run
(The run!)
Let me out
Let me be gone
In the world’s beat up road sign
I saw new history of time
New history of time!
Me mantengo en movimiento
Dejadme salir
Dejadme ir
En la estropeada señal de carretera del mundo
Yo vi una nueva historia del tiempo
¡Nueva historia del tiempo!
And presidents
And billionaires
And generals
They’ll never know
What I have owned
What I have owned
Y presidentes
Y billonarios
Y generales
Nunca sabrán
Lo que yo he poseído Lo que yo he poseído
I am a wonderlust king
Soy un rey viajero
Viajar no es sólo ver sitios nuevos y hacer turismo. Lejos de tiendas de souvenirs, atracciones para turistas y aeropuertos, como dice este bloguero, es conocer lo más posible del mundo en el que vivimos, sus innumerables caras ocultas, sus gentes y sus rincones. Y, sobre todo, conocerse uno mismo y desarrollarse.
Creo que esta canción será la banda sonora de muchos viajes más.
Llego con mi padre a Puerta Purchena, uno de los lugares emblemáticos de Almería. Entramos en un hotel de fachada estrecha. La recepción es algo claustrofóbica, con el mostrador a la izquierda a lo largo de la estancia, ocupando más de la mitad del espacio.
Una mujer mayor muy sonriente sale al encuentro con mi padre. Mi padre está serio. No sé muy bien por qué estamos allí.
No paran de hablar sobre un asunto concreto que no me molesto en tratar de comprender. O que mi subconsciente no quiere concretar porque en el sueño no había presupuesto para dialoguista.
Al fondo de la recepción hay unas escaleras que comenzamos a subir, poco más anchas que un metro, también algo agobiantes. Hacia delante hay un primer descansillo que da al pasillo de las habitaciones. Las escaleras continúan a 180º y dan a la calle por la que hemos entrado, mediante un enorme ventanal. Así durante un par de pisos.
Yo lo observo todo, curioso. Hay un cartel que dice algo así como que no hay calefacción porque para la conservación de algo la temperatura no debe pasar de cierto valor.
Llegamos al segundo o tercer piso, donde hay una especie de altar/mausoleo que a través de la cristalera da directamente a la calle. Hay un ataúd y dos pequeñas columnas a los lados, todo alrededor cubierto de verde y flores. Ahora sé que es por mi madre.
La mujer abre la caja y dentro hay, rodeado de gomaespuma, una especie de ataúd en miniatura. Mi padre pone sobre él la mano y lo acaricia.
La mujer se hace de él y se lo entrega a mi padre.
Y me mira.
-Ella dejó esto para ti.
Unos centímetros por debajo de donde aún queda la silueta del hueco del miniataúd en la gomaespuma, coge un papel enrollado a modo de papiro y me lo da.
Ahí es cuando lloro. Como nunca había llorado antes, de forma exagerada, como perdiendo el control por completo. Estoy de cuclillas. En mi mano izquierda siento que el rollo tiene bastante papel, por lo que presupongo que habrá mucho escrito en él.
Lo siguiente que recuerdo es a mi padre en la acera frente a la entrada del hotel, con el pequeño ataúd bajo el brazo y sentado sobre un caballo de cartón piedra.
-¿Nos la llevamos?- pregunto.
-Sí, ahora los de El Árbol se van a ocupar de ella, está todo arreglado.
En el sueño sé perfectamente qué es El Árbol y dónde está, claro. Es más, sé que está en algún punto del Zapillo, mi barrio allí.
Ahí despierto. No estoy llorando ni parezco haberlo hecho.
Cuando mi madre murió en Almería yo tenía 4 años. Era demasiado pequeño para darme cuenta de lo que implicaba. No sé cuándo ni cómo lo asumí completamente. Y aunque me doliera porque la necesitaba, no tenía que “seguir adelante” sencillamente porque no era consciente. Y creo que nunca lo he llegado a ser. Hay otra gente que ha cargado con ese peso a mi alrededor. Las veces que he llorado ha sido más al pensar cómo había afectado a mi familia que por la pérdida que yo sentía.
Imagino que este sueño era una forma de enfrentarme a una realidad a la que en cierto modo doy la espalda.
Yo era de las personas más importantes en su vida, pero vivo casi como si no hubiera existido. El sueño me hizo cuestionarme si es justo con ella. Es cierto que soy yo el que tiene que seguir viviendo y ser feliz, pero me pregunto si no debería tenerla más presente.
Después de muchísimo tiempo volví a sentir no tenerla y la frustración de que no haya llegado a ver en qué me he convertido, ni siquiera vislumbrar en qué me iba a convertir. Tampoco yo, a diferencia de mi hermana, puedo recordar su forma de ser ni su voz. Sólo me quedan restos de momentos cada vez más difusos.
Como si el sueño no se iba a dar por vencido hasta hacerme llorar.
Sé que no salen de su asombro. Después de tanto escribirme comentarios de desesperación pidiendo que vuelva a actualizar, tras publicar entradas en sus blogs compartiendo preocupados sus hipótesis de por qué este sitio llevaba meses más parado que un teletubbie en una cama de velcro y pegar en las farolas de su ciudad carteles con mi foto cual cánido extraviado, he vuelto.
“Primero Javi Moya y ahora esto”, pensarían algunos. “La blogojfera se rompe”. Pero no, señores. No he muerto, ni mucho menos el alto nivel de estrés que me producía este blog ha podido conmigo. Aquí sigo y seguiré para mantener un mínimo grado de cordura en este mundo en que nos ha tocado vivir.
En estos días inciertos en que se nos va la la voz de Geoffrey y el Sr. Burns, los argumentos de los creacionistas mejorandía a día y el tiempo libre que tiene un servidor es el más escaso en varios años, decido descriogenizar el blog y así darme una excusa para dejar completamente de lado exámenes, trabajos de la universidad y papeleo de becas. Pero qué importa mi vida académica. Mi blog es la escuela de la calle. O algo.
Ne siam kurve tuke sijam prostitutke – Goran Bregovic
Pero hay más.
Ha nacido un directorio de blogs de pacenses o de gente en Badajoz, llamado blogsBadajoz, del que soy humilde colaborador.
En tresneuronas.net, 3neu para los amigos -y si ustedes los lectores no son nuestros amigos quién repámpanos lo es- confiamos en que desde la güebdospuntocero se pueden cambiar las cosas.
Siendo este un medio con un historial de alto nivel de autoexigencia y para asegurarnos de la calidad y fidelidad informativa de nuestros reportajes-denuncia social, hemos seleccionado a algunos de los chimpancés más brillantes del momento para indagar, procesar, ordenar y finalmente redactar la información que les brindamos en artículos como el presente.
Con todos ustedes, 3neu Investiga: La tienda cien.
Hubo un tiempo en que las coloquialmente conocidas como tiendas cien contaban un cartel que rezaba “Todo a cien” en la puerta, con la intención de identificarse ante los potenciales clientes como el mencionado tipo de comercio, con todos los elementos característicos que acompañan a su idiosincrasia tales como amplia variedad de productos, precios económicos y calidad dudosa.
En realidad no eran “Todo a cien” en tanto en cuanto que vendían artículos que costaban más de esa cantidad. Pero eran tiempos de tierna candidez y al consumidor no le importaba demasiado. Luego, imaginamos que por requerimiento legal para evitar este manifiesto engaño al cliente, en la mayoría de negocios de esta clase el “Todo a” fue sustituido por un “Todo a partir de”. Un cambio indudablemente a mejor en lo que a ética comercial se refiere, pero a todas luces estúpido, si consideramos que la intención del cartel es indicar que los precios de la tienda son bajos. “Todo a partir de”, señores, no implica ahorro alguno.
Pero además de estúpido es engañoso. Mediante la aplicación de muy elementales normas lógicas podemos deducir que “Todo a partir de” significa “Nada por menos de”. Un concesionario de Jaguar es, en efecto, un “Todo a partir de”. ¿A partir de cuánto? Digan ustedes la cifra que les plazca. ¿500 euros? Desde luego, ya que no vende nada por menos de 500. Ni de 2000. Ni, por supuesto, por menos de uno. Estrictamente, un concesionario de automóviles de lujo como Jaguar no dejaría de ser un “Todo a partir de X euros”, comprendido X entre 0 y el importe del artículo más barato a la venta, pongamos 80 000 euros. Podría, por tanto, tener el cartel de “Todo a partir de 1 euro”, con la absoluta tranquilidad de estar haciendo honor a la verdad.
Sin embargo, una tienda heredera de las “Todo a 100 ptas”, con su cartel debidamente actualizado a “Todo a partir de 1 euro”, ciertamente vende artículos cuyo precio es inferior al de un euro. De modo que, continuando con la cadena de deducciones anteriores -y confiamos en que nos hayan seguido a lo largo de todo el razonamiento- un concesionario de Jaguar con el cartel a la entrada de “Todo a partir de 1 euro” estaría engañando menos a su potencial clientela que un pequeño comercio con el mismo cartel, presuponiendo que este último venda artículos más baratos que un euro tales como coleteros, bolígrafos BIC de imitación y bombas nucleares de bolsillo si incluimos ciertos bazares chinos.
De modo que la situación es la siguiente: los comercios autoproclamados “Todo a partir de” NO son “Todo a partir de”. Y los que realmente lo son no hacen uso de esa etiqueta porque podrían verse confundidos con los anteriores, que NO lo son pero pretenden serlo. De este modo, los que lo SON en nuestra mente NO coinciden con los que lo SON pensándolo racionalmente y que podrían SERLO formalmente, cosa que probablemente desearían de NO SER por los que SIN SERLO, LO SON.
No se puede explicar más claro, señores. La apropiación indebida de sobrenombres indicadores de precios supone una lacra contra la que debemos luchar.
No obstante, no queremos quedarnos en una valoración absolutamente negativa, ya que toda moneda tiene su cara. Suponemos que en vista de la tan delirante situación, algunos comercios de la naturaleza a la que nos referimos han querido dar el primer paso y hacer de su imagen corporativa algo más fidedigno a la realidad, con la intención de que lo perdido en atractivo inmediato se recupere en mejora de imagen a largo plazo para un consumidor que valora la honestidad en las empresas. Es el caso de este local hallado por nuestro intrépido equipo en una calle de Cáceres.
TODO Y SOLO A MENOS DE UN EURO Y MAS
Este comercio sí estaría legalmente capacitado para vender por encima y por debajo del precio de un euro, desde un paquete de pañuelos a un sidecar. Esperamos, desde luego, que no dispensen artículos que valgan exactamente una unidad de la moneda europea o formaría parte de una nueva estafa de naturaleza quizás más compleja que la que nos ocupa en este artículo.
Desde tresneuronas.net denunciamos el engaño a los consumidores perpretrado por un 98,9 % estimado de las tiendas autodenominadas “Todo a partir de 1 euro” así como exigimos una actuación rápida y efectiva por parte de las instituciones y aplaudimos un acto de responsabilidad social como el de esta tienda.
Consideramos, sin embargo, el “Todo y solo” inicial por completo excesivo y redundante, y dejamos pendiente para un posible próximo motivo de estudio el sintagma que a modo de subtítulo en el cartel reza “La cadena de tiendas Nº1 en España”, que sospechamos también podría ser, cuanto menos, una interpretación un tanto sesgada de la realidad.
Nota: Este artículo de 3neu Investiga habría sido imposible sin el ojo cazador de exclusivas de Tíu Cancho, que se encuentra profundamente dolido por el hecho de que al publicarse en nuestro medio dejó de ser una exclusiva exclusivamente suya (véase penúltima foto).
Junto a los Monty Python, Les Luthiers, Weird Al y quizás los guionistas de alguna sitcom que otra, uno de los que considero mentes privilegiadas del mundo contemporáneo es Douglas Adams. Hoy hace ocho años y dos semanas de su muerte y, como cada 25 de mayo, se celebra el Towel Day.
Que haga un año desde el último Día de la Toalla implica que hace un año que publiqué esta entrada de bienvenida. Hace ya un quinto de lustro que Arridens cometió la insensatez de entrar a acompañarme en mi hasta entonces solitaria presencia en tresneuronas.net. Feliz cumpleaños, Peligro en general.
“Sabía que era la última vez que nos besábamos. Pensé en nuestro primer beso. (…) Pensé en todas las cosas que habían pasado entre aquellos dos besos, en todas las calles que recorrí con ella.
Una ruta tan complicada para llegar aquí y ahora,
sin ella.”
Odio los besos de despedida. Me refiero a los que son de despedida definitiva y lo sabes. Los de “me alegro de haberte conocido”, “has sido muy importante para mí” y “no te voy a olvidar nunca”. Obviamente lo triste no es el beso en sí, sino el ser consciente de que es el previo al final inevitable de algo que no quieres que termine. Son como el último deseo de un condenado a muerte. “Quiero un bistec antes de ser electrocutado”, “quiero que me des un beso antes de pasar a ser un mero amigo para ti”. La misma mierda.
Acabo de llegar de Almería. Anoche me despedía de la ciudad y de una relación de año y pico.
No poder quitarme de la cabeza que el último beso estaba siendo en el mismo lugar que el primero sólo lo hacía más difícil.
Una parte algo masoquista de mí me obligaba a recordar todo lo que había vivido con ella durante este tiempo. Por dejarme claro, supongo, todo lo que no se iba a repetir. Y eran muchas cosas.
Supongo que era necesario que terminara. Quizás no si yo hubiera actuado antes de otro modo, pero no había marcha atrás.
Traerlo a un primer plano mental me hace sentir una especie de desgana repentina por casi todo.
Y aunque el resto de tiempo trate de estar bien, no lo he asimilado. Cuesta desmantelar todo lo que lleva asociado una persona en tu cabeza durante tanto tiempo.
Y más cuando, en la relación recién terminada, tu principal problema eras tú.
Hoy 2 de abril, en el periódico gratuito La Crónica de Badajoz, en la primera página tras la portada (clic para ampliar):
‘METRÓPOLIS’, DE LANG, ABRE EL CICLO DE CINE JAPONÉS.
¿”Metrópolis” cine japonés? Si no un absoluto FAIL, sí que es al menos un titular bastante WTF.
Echando un vistazo al cuerpo del texto, nos encontramos con lo siguiente:
La película Metrópolis, de Fritz lang, abre hoy un nuevo ciclo de cine de la Caja de Extremadura dedicado al cine japonés y que se presenta con el título Los ocasos del sol naciente. El filme de hoy está basado en un mítico cómic japonés de Osuma Tezuka, que con la estética innovadora de las películas japonesas de animación tiene como trasfondo el universo que Lang experimentó para su propia metrópolis, la ciudad caótica y dividida por los humanos que ocupan la lujosa parte de arriba y los robots que está confinada en los subterráneos. La película se proyecta en el aula de cultura de la entidad y la entrada es libre.
Obviemos que los apellidos alemanes también merecen ir en mayúscula, aunque nos caigan mal los alemanes. Obviemos que, no sé en el cómic, pero al menos en la película y según creo recordar, la división no tiene que ver con que los humanos estén en la parte superior y los robots en la inferior. Claro que es difícil saber si es eso lo que trata de decir el texto del periódico con una oración con partes como “los robots que está confinada”. Obviemos que el cómic anterior al año 1927 (año de estreno de la película Metrópolis que se basa en él), si tiene la estética innovadora de las modernas películas japonesas de animación, en realidad tiene la estética del moderno cómic japonés, del que beben esas películas de animación.
Obviemos, en conclusión, el hecho de que el redactor llevaba demasiadas horas en su puesto o demasiado alcohol en las venas como para realizar correctamente su trabajo.
Aunque este señor por la forma nos complica la existencia con una noticia de un contenido ya complejo de por sí. ¿Metrópolis en un ciclo de cine japonés? Al menos dan pruebas de que saben de qué película se trata y no dan a entender que el autor sea el sensei Fritz Lang-sun.
Digamos que la justificación de que la película alemana está basada en un cómic japonés está, cuanto menos, algo cogida por los pelos. Creo que en Japón se hacen suficientes películas para hacer uno y varios ciclos específicos de su cine.
Huyendo de la tan dañina crítica que se reduce a lo destructivo, aportemos soluciones alternativas. Si, por una combinación de exacerbado sentimiento identitario europeo y exceso de egocentrismo, no podíamos evitar proyectar esta película, habría sido más idóneo adecuar el tipo de ciclo a nuestras necesidades.
Realizando, por ejemplo, un ciclo de cine no japonés basado en arte japonés. ¿Por qué no? De nombre, La inspiración de los ocasos del sol naciente. Si es prioritario que suene poético y para continuar en la línea metafórica del título original, podría ser algo como El agua que fluye en el ocaso desde los ríos del sol naciente. No suena tan mal.
En todo caso, por favor, señores, recurran a soluciones que no den lugar a titulares tan cómicos.
En más de una relación ella estaba enamorada del país y la cultura gala, o bien había tenido antes una intensa relación con algún francés. O ambas cosas.
Y aunque no debería influirme lo cierto es que progresivamente le he cogido algo de tirria al país, que por lo demás no tiene culpa de nada.
Y voy a tener que quitármela, porque desde ayer por la mañana es definitivo:
Me voy el año que viene a Francia, más concretamente Dijon.
Voy a tener que recuperar aprender el francés que debería saber de la ESO.
Siempre que cuelgo una canción me pregunto si más adelante no escribiré una entrada en la que me parezca más apropiada ponerla. Pero esta es casi la única que he escuchado estos tres últimos días, y va inevitablemente unida a este momento.
El miedo que me da irme solo a un país cuyo idioma casi desconozco por completo sólo hace que me emocione más la idea.
Me gusta Badajoz. En general le tengo bastante apego a todo lo que me rodea. Amigos, compañeros de carrera, simples conocidos y, por supuesto, mis padres. Mi cuarto, mi facultad y hasta las calles de la ciudad. Todo lo que conforma mi rutina, lo que viene a ser mi vida aquí.
Pero necesito irme. Necesito un cambio que me deje cabeza abajo. Aunque sepa que cuando vuelva (y ni siquiera sé si querría pasar otro año entero en Badajoz) algunas de las cosas de aquí no estarán o habrán cambiado del todo. Y habré cambiado yo, claro.
En un impulso que hasta a mí me pilla por sorpresa presiono la tecla de llamada.
Da señal. El corazón se acelera. Estoy nervioso; ha pasado un año y medio desde la última vez que supe nada de ella. No me lo coge. Con cada tono de llamada el pecho me palpita más fuerte. Trato de concienciarme y sigo esperando, hasta que los tonos finalmente cesan.
Me tranquilizo. Me siento disponiéndome a pensar en cualquier otra cosa.
Pasa un minuto y vibra el móvil. Es ella.
-¿Sí?
-Hola, ¿me has llamado?
Pensaba que podría haber cambiado de número, pero es su voz. Casi seguro. Hay ruido ambiente; está en la calle.
-Sí. ¿Esther?
-Es que no sé quién eres.
-¿Eres Esther?
-Sí.
-Vale; ¿no te suena mi voz ni nada?
-Mmmm, pues no.
-¿Estás en Salamanca ahora?
-No. Pero no me has dicho quién…
-Ya. uhmm-,la pregunta del millón – ¿te suena David?
Pausa. Eterna. Me pregunto si está tratando de caer en quién soy, o si lo sabe perfectamente y está pensando qué hacer. Sólo escucho el ruido.
-¿Hola?
Y fin de la llamada.
No es que me esperara otra cosa. Por mi parte, viene a ser lo de siempre. Mi testarudez de seguir intentando lo imposible, consecuencia de mi incapacidad de pasar página del todo. De vivir con fantasmas. Esporádicos, pero fantasmas al fin y al cabo.
También es cierto que me darían menos el coñazo si ella no hubiera pretendido arrancarme de su vida de cuajo.
Es verdad que hay otras personas con las que soy yo el que impone la incomunicación. Y sí, puede ser igual de infantil. Pero, en primer lugar, si el problema es sólo que algo me duele demasiado para afrontarlo, trato de que lo sepan. Si hay cierto rencor por alguna de sus formas de actuar, también intento hacérselo saber. Por tener la mínima consideración con la otra persona, para empezar, de no obligarla a estar al margen si no quiere. Nunca colgaría en mitad de una llamada a alguien que muestra interés por saber qué pasa por mi cabeza, por qué hago lo que hago, qué fue o es para mí.
En segundo lugar, tampoco me lo planteo como una incomunicación definitiva. Aunque a menudo sí indefinida. “¿Y cuál es la diferencia?” dirás. Aunque es difusa, creo que lo considero distinto porque no acabo con todos los canales de comunicación que me podrían llevar a esa persona. Supongo que es la diferencia entre decidir no regresar a una ciudad, ya sea por un tiempo o para siempre, y en necesitar además bombardear la carretera que lleva a ella para asegurarte de que no se te ocurrirá volver.
Y esto sí es por mí y por nadie más. Me parece estúpido. Como si necesitaras no enfrentarte más a su nombre ni a sus recuerdos para convencerte de que ni quieres ni querrás jamás volver a saber de esa persona. Como si sólo pudieras ser feliz a base de borrar toda pista de que pasó por tu vida. Me parece hipócrita negar algo que has vivido. Asume que pasó y vive con ello. A menudo las relaciones que te tientan a borrarlas de tu cabeza son las que más merece la pena vivir. Y si vivirlas merece la pena, por qué no recordarlas.
En fin, sé que me hago un mundo de algo que debe de ser normal. Y que debo de resultar pesado, porque no es la primera ni la séptima vez que hablo de este tema aquí. Pido disculpas. Pero es que hay algunas cosas que por más empeño que le pongo no entiendo.
La llamada fue el miércoles de la semana pasada, dos días antes de irme a Madrid. Realmente podría haber tratado de contactar con ella por teléfono en cualquier otro momento, hace 4 meses o dentro de 6. El motivo por el que lo hice ahora, precisamente ahora, es porque me planteé la posibilidad de que, dado que voy a Salamanca en Carnaval con mis padres, podríamos vernos si es que ella sigue estudiando allí. Figúrense si vivo en los mundos de Yupi, cuando se me ocurre esa idea con alguien que no se atreve ni a escucharme por un móvil.