Queridos lectores, sé que tras la expectación creada en torno al corto en la última entrada de este blog, y debido a la más absoluta ausencia de noticias al respecto desde entonces, apenas logran conciliar el sueño. “¿Lo habrá conseguido grabar?” “¿Le habrán boicoteado el rodaje con una nube de chemtrail?” “¿Ha ganado un Oscar y el muy hijo de hiena no me ha mencionado en el discurso?” “¿Saldrán tetas?”
Sé que son muchas las preguntas que circulan por vuestra mente, y cada una más importante que la anterior. Pero no sufráis más, que vengo con una respuesta a todas y cada una de ellas.
Quettaheru (que algo ha mencionado sobre este tema) y yo, personas entusiastas y trabajadoras por naturaleza, llevábamos trabajando en el guión de “Planes perfectos” con gran antelación al rodaje. Podría decir, sin miedo a exagerar, que incluso varios días. Dado que Sergio y Edgar, seres humanos que han sido mis tutores aquí y que eran absolutamente imprescindibles para todo el proceso, se iban el sábado por la mañana a Canadá, sólo teníamos esa semana para grabar la obra. La idea era que se hiciera el martes o más probablemente el jueves (el miércoles no iba a ser posible por el rodaje del videoclip de una canción que probablemente merezca una futura entrada).
Pues bien, era domingo por la tarde y por fin Antonio y yo por fin tuvimos una versión del guión cuasi definitiva con la que nos sentíamos satisfechos. Cuando se la pasé a Sergio, resultó ser que los planes de los personajes de nuestro guión eran notablemente más perfectos que los nuestros. Nos habíamos dejado llevar por la euforia, el perfeccionismo y el gusto por diálogos masturbatorios, y teníamos un guión de 15 páginas y tan sólo un día para grabar el corto. Sergio directamente se rió en mi cara. Y lo digo sin (demasiada) acritud, porque entiendo sus motivos. Necesitaríamos como 5 veces el tiempo que teníamos para hacer el corto realidad. Esto nos dejaba tres opciones.
- Acortar “Planes perfectos”. Mucho. Quitando todo diálogo y acción innecesaria. Combinando eso con la simplificación del guión técnico a base de sacrificar planos. Perdería toda la esencia con la que el guión había sido concebido, y además quedaría formalmente feo.
- Mandarlo todo a la mierda y no hacer nada en México.
- Plan de emergencia: tener en unas 12 horas escrito un nuevo guión. Corto, sencillo y poco exigente en cuanto a localizaciones y actores, que aún teníamos que conseguir.
Obviamente, cuando se las comenté a Antonio, la opción escogida no fue ninguna de las dos primeras. Nos gusta la presión. Y teníamos que terminar algo por una vez en nuestras miserables vidas, por el amor de Buda.
Le planteé el panorama de madrugada, justo antes de acostarme, cuando él se acababa de levantar en España, y estuvimos, a lo largo de la mañana siguiente, o la tarde si nos situamos en el huso horario del país del jamón, puliendo la idea que Antonio había creado durante su mañana en la facultad, es decir, mientras yo soñaba plácidamente con el niño Jesús. O quizás no tan plácidamente.
En cualquier caso, en unas horas estaba el guión terminado. “Ámbar del Amazonas” era el título provisional. Y, a día de hoy, no tenemos uno mejor.
La localización que había conseguido para “Planes perfectos” se vino abajo, pero no importó demasiado. Con el nuevo guión, los requisitos del lugar eran distintos y probablemente la casa que me ofrecía Rafa, hijo de un colega de mi padre, era tan buena o mejor para la nueva historia que la que acababa de perder.
Afortunadamente, encontrar los actores no supuso un gran problema, a pesar de la escasísima antelación. Esteban Monroy y Jorge Carrillo eran personas con las que ya contaba para “Planes perfectos” y que sólo hubo que confirmar. Sergio consiguió que Andrea Riera aceptara interpretar el personaje femenino. Ya teníamos actores. Mis actores (entonces aprendí que, en mi recién inaugurado papel de director, el uso de los artículos posesivos te da un matiz pseudopaternalista a la vez que supone ascender tres peldaños de autoestima).
Como la acción se desarrolla en la casa de un curandero chamán, tenía que encontrar algún modo de ambientar la casa de estudiante que Rafa me podía prestar para el rodaje. Y algo de maquillaje para convertir a Esteban Monroy en hechicero.
Para esto último fui el martes con Esteban en busca de pelo postizo, lentillas de colores y un bigotito (yo quería una barba, pero como era maquillaje profesional para teatro costaba el equivalente a 87 euros).
Para la ambientación del escenario, el miércoles (me permitieron no participar en el videoclip que mencionaba antes para prepararlo todo) me dirigí al mercado Sonora, especializado en brujería. Si tenéis curiosidad sobre cómo es, aquí podéis ver un reportaje. Sí, está presentado por un travesti que usa palabras como “supermegamaravilloso”, pero merece la pena verlo para hacerse una idea, como este otro cutre hecho por un estadounidense.
Allí viví escenas algo surrealistas. La técnica de los vendedores es, como la que conté sobre la Plaza de la Tecnología, acosarte a tu paso con “¿Qué quieres, amigo? ¿Qué buscas? ¡Mira y pregunta sin compromiso!” Técnica que intensifican cuando te ven caminando despacio, mirando todas sus mercancías y dubitativo porque realmente no sabes qué comprar. Mi caso.

En el primer puesto en el que paré, tras unos 15 minutos preguntando precios y haciendo cálculos mentales, la vendedora me dijo que no podía rebajar más los precios aunque le comprara 10 artículos de una vez, que ya los estaba vendiendo suficientemente baratos. A lo que muy educadamente contesté un “Gracias, buenas tardes” y me fui a buscar en otros puestos.
Compré algunas cosas sueltas (alguna calavera, herraduras de la suerte, cirios, etc) en varios lugares del mercado, pero hubo un puesto en concreto en el que me pasé, literalmente, horas. Era pequeñísimo. Enano. Como la mitad de mi cuarto. Estrecho y con estanterías llenas de objetos. Había 3 dependientes dentro, unos dos clientes y yo. Y como cada escasos minutos entraba alguien para que le echaran las cartas del tarot, era por completo la versión esotérica y sin diálogos del camarote de los hermanos Marx.
Primero el vendedor que me atendió pensó que era todo para mí, pero ante mi exótico acento y la seguridad con la que preguntaba por precios, objetos y sus aplicaciones, llegó un punto en que debió de dar por hecho que lo quería para revenderlo en España. Yo, ante la idea de que nunca me habían confundido con un comerciante ultramarino de artículos de brujería, decidí seguirle la corriente.
-Entonces, ¿somos muchos la gente de fuera de México que venimos a comprar aquí?
-Muchíiiiiisimos, de Estados Unidos, de Europa, de España, vienen de todas partes del mundo.

Imágenes de la Santa Muerte y alguna poción mágica. Aquí puedes conseguir una imagen tétrica por un tercio del precio que en cualquier tienda gótica. Y probablemente igual de mal hecha. Compré tres.

Sábila, corona de ajo y estantería con velas mágicas. La sábila era un todo en uno, con herradura, figurita de la Santa Muerte, imagencitas de la Virgen, polvos mágicos y demás objetitos pintorescos.

Para quien pensara que esta industria queda al margen de los avances tecnológicos. ¡Sí, amigos, son esencias mágicas en spray!
Luego me hicieron la consulta gratuita al tarot, que yo acepté sin dudarlo un momento.
-A ver, ¿por qué te sientes tan solo si lo tienes todo en la vida?
Os prometo que tenía la esperanza de que acertara aunque fuera a base de frases ambiguas y confusas. Pero no me termino de sentir solo. Me pregunta que si acaso no tiene razón. Prefiero mentirle para saber a dónde llega, de modo que asiento con fingida resignación. Me explica que las espadas en las cartas son la soledad. Y me dice que el año pasado ocurrió algo muy malo que oscureció mi aura. Una muerte cercana o algo así. Yo hago todo lo posible por rebuscar en mi memoria pero no logro entender a qué se refiere. Alguna despedida dolorosa ha habido y alguna putadilla de la vida. Como todos los años, vamos.
Entonces decido preguntarle: ¿trabajaré de lo que quiero? ¿Podré dedicarme profesionalmente a ello? Lógicamente evito decir que se trata de la dirección de cine. No quiero que se descubra el pastel, y despedirme de ellos dejándoles con el sabor de boca de ser un vendedor venido de lejanas tierras a comprar y comerciar con sus mercancías es harto más emocionante. También le pregunto si habrá alguna mujer que me quiera por toda la vida (sé que era poco original, pero es que me dijo que le hiciera otra pregunta y no la tenía preparada). Por más que pregunto, sólo salen espadas. Las jodidas espaditas. Y la mujer me sigue hablando de mi aura chunga, de esa parte oscura que tengo que sacar de mí, y de que cuando lo consiga tendré todo lo que quiera en la vida porque en el fondo se ve que soy buena persona. Me quedo mucho más tranquilo.
-Espera, amigo, que por buen cliente te vamos a hacer un regalito- me dice el simpático vendedor -. Toma. Es un cuarzo mágico. Esto es para ti, para que lo lleves en la mano. Te dará suerte.
Impactado por el pedazo de piedra que me ha dado como si fuera la joya de un tesoro pirata, me voy con mis bolsas. Esta gente me ha caído bien. Me han mostrado absolutamente todos los artículos de la tienda, me han enseñado cómo se quemaba el incienso “Arraza todo” y me han dejado probar las esencias que hacen que las mujeres caigan rendidas a tu paso. Y me han regalado un trozo de cuarzo.
Sin embargo, no termino de entender cómo compatibilizan sus creencias, cuando venden en el mismo local objetos católicos, budistas, egipcios y de magia negra. ¿Se lo creen todo o no se creen nada? Imagino que soy algo naïf por planteármelo y que sólo se trata de un negocio. Como aquella tienda alternativa y cool en Badajoz donde vendían tanto camisetas del Che Guevara como banderas franquistas.
Vuelvo al puesto donde comencé. Pido a la amable vendedora que me dé dos botecitos color ámbar y una pirámide de cristal. La muy hija de chacal sonríe con suficiencia, diciendo con la mirada “sabía que no te irías de aquí sin comprarme. Paga, como mereces, con humillación tu prepotencia”. Y sí, con esas palabras.
Esa misma noche con la ayuda de Rafa imprimí ciertos props, compramos las cosas para el cátering e hicimos los sandwiches. Dormí en su casa. Cuatro horas.
Y finalmente llegó el momento del rodaje. Mi primera vez dirigiendo. La primera vez, desde que no jugaba al Age of Empires, que todos en un sitio seguían mis instrucciones. Aprendí varias cosas. Yo suelo ser muy inseguro ante las cosas nuevas. Aquí tenía el respaldo de Sergio, cuya experiencia me garantizaba que nada podía salir demasiado mal, pero a la vez en cierto modo me intimidaba porque para mí tiene bastante autoridad.
Uno no se da cuenta de lo complicadas que pueden llegar a hacerse algunas cosas que llevas toda tu vida creyendo sencillas hasta que llega tu primera vez y no tienes ni idea.
-Bueno, ¿le has dado las indicaciones a tu actor?
Yo, no sé por qué, había querido dar por hecho (o preferido no plantearme) que estas cosas iban solas, como si el guión en sí ya fuera indicación suficiente, y cuando Sergio preguntó aquello dudé un poco. ¿Cómo se dan indicaciones? ¿Realmente tengo clara la actuación que quiero de mis actores? Fui tomando confianza en ese aspecto a medida que el rodaje avanzó, pero sigo teniendo mucho que mejorar en el campo de la dirección de actores.
Bueno, y en los demás.
Cometí, entre otros, el error de confiar demasiado en la improvisación y no planear lo suficiente cada plano, lo que provocó que el rodaje se alargara demasiado.
En cualquier caso, estoy muy contento con el resultado. Ya tengo el material y en pocos días comenzaré a editarlo. Gracias enormes a todos los que han participado en él, porque si se ve bien una vez terminado será gracias a vuestro trabajo.



Si queréis ver más, estas fotos y otras cuantas están en este álbum de Flickr.
Y, como siempre, os mantendré informados de todo lo que siga. Stay tuned.
PD: En cuanto a las preguntas del principio, lamento deciros que no, no saldrán tetas. Si tenéis alguna otra duda, podéis recurrir preferiblemente a mi formspring, a los comentarios de esta entrada, o a la ouija.