Perdón por el retraso.
Ya sabes como está la ciudad: llena de cláxons.
La gente vuelve a la realidad
de la oficina o de la tienda o de la fábrica
y por qué no habrá paz
en la mágica soledad de un atasco.
Sentémonos, miremos la carta.
Te he escrito algo porque te he echado en falta.
Te lo leo en el postre porque sé que te encanta
eso de que haga deporte mental
y aunque me dé corte lo comparta.
Y cuando más harto creo estar vienes tú y me salvas,
me cargas. Tú de espantar el mal te encargas.
Me das gas, me amas más que mis fantasmas.
Que tú a mis miedos te los pules con un dedo.
(Por ti, por mí y porque el mundo es nuestro).
Tú no me abandones que yo ya haré el resto.
Pongo a este vino de testigo y seguiré siguiéndote
mas si quiero ser honesto contigo:
yo sé más del deseo que de la satisfacción
y sé que tú aún estás por conquistar, pero esa es mi emoción.
Hoy te abres ante mí como un universo
vestida de piano y saxofón para la ocasión.
Sexo con tu violador consentido.
Mi pretexto: esta cena contigo.
Me da igual lo que digan, yo te quiero como eres,
R. A. P., y sé que tú también me quieres.
Kase.O en Algo de jazz, de Erik B
Descubierta hace algún tiempo en el livejournal de Karol-Gop.
Estaba entre mis intenciones publicar esta entrada en el nuevo sitio al que voy a migrar el blog próximamente, pero tengo un problema con el nuevo feed y no quiero cambiarme aún. A fin de que no se pudra como borrador y me vea comiendo polvorones de Fondón sin tener publicado un post que hable del verano, aquí tenéis uno de estos que hace tiempo que no escribo.
Digo adiós a Oxford. Me gusta, me ha dado tiempo a quererla. El final es demasiado vertiginoso y desorganizado para darme cuenta de lo que significa la despedida. Quizás me arrepienta, pero ahora la despedida de Esther, que ha venido de Portsmouth a pasar conmigo la última noche, es tan importante como la de toda la ciudad.
De Oxford viajo a Almería, haciendo escala de 20 minutos en Barcelona. Creo que nunca antes he tenido tantas ganas de llegar a la ciudad de mi familia y bañarme en su mar. En el aeropuerto catalán casi no me da tiempo a pillar el vuelo. Luego, desde el avión veo el desierto. En el aeropuerto almeriense a una familia que viene desde Gatwick también le han perdido el equipaje. Les cuento mi vida y me cuentan la suya. Es como si Inglaterra me hubiera seguido hasta aquí. Esta gente es lo último que me une a todo por lo que acabo de pasar, creo que desde ahora poco inglés voy a hablar por un tiempo.
Todo cambia radicalmente. Entre playa, feria, amigos y familia creo que extraño a Esther menos lo que sería de esperar. Veo a María y compruebo que me sigue gustando.
Baila el vals de las miradas,
que se bailan entre ellas cuando no quedan palabras.
Terrorismo emocional – Shinoflow
Con María falta el tiempo para las palabras. No tengo mucha oportunidad de hablar con ella los pocos días que pasa en Almería.
Estando Esther en al sur de Inglaterra trabajando y sin poder mantener la comunicación mi relación con ella está en una especie de limbo. El último día juntos nos hemos dedicado a disfrutarlo más que a pensar en lo que vendría.
Ante la duda opto por vivir esos días en Almería como si mantuviera con Esther una relación monogámica. Y no intentar nada con María. Después de todo no durará mucho así, pues Esther vendrá a Almería a principios de septiembre para vernos una última vez antes de su Erasmus en Bélgica, y hablaremos.
De hecho comienzo a pensar que no duraremos mucho así ni de ninguna otra manera. Lo que siento por ella no tiene la inercia suficiente para hacer sostenible una relación a tanta distancia durante más tiempo. La necesito cerca para mantenerlo encendido. Por otro lado María me recuerda que no quiero ser libre sólo a nivel físico. Quiero ser libre de querer a otras personas.
El universo vive por tus ojos; déjame viajar
Lom-C en Sólo tú, de Arma Blanca
María vuelve a Caravaca. Quedan Rosa, Alex, Antonio, Amanda y más. Noches de feria: conciertos (Mikel Erentxun, Serrat y Sabina), acrobacias temerarias en el barco vikingo noche tras noche y caseta de la CNT. Donde no me muevo, el cuerpo baila solo.
No podemoh llevá dinero en los bolsillos…
Dinero en los bolsillos – O’funk’illo
Explico todo a María, y tener algo con ella por primera vez se percibe algo menos utópico que de costumbre.
Ya ocupa para mí el rol de cómplice absoluto. Y la expresión física de esa complicidad sólo puede incrementarla.
No creo necesitar más que eso y esperar lo que surja. Sin nombres ni límites. Con ella no aspiro a nada menos que a la relación perfecta, porque de algún modo me parece (posibles idealizaciones incluidas) el prototipo ideal de persona.
Le doy excesivas vueltas, y la posibilidad de una hipotética relación (que ella no sería capaz de entender como yo) ocupa todas nuestras conversaciones hasta saturarnos. Por unas semanas María en mi mente pasa a un estado de standby.
Termina la feria. La hora a la que me levanto vuelve a hacer posible que vaya cada mañana a la playa.
Peleas de cosquillas en casa de Amanda (en la foto, ejemplar que mira al infinito apoyado sobre la espalda color cangrejo del cadáver que encontraron en la playa). Para lo poco que nos vemos nos conocemos demasiado. Creo que porque nos parecemos, desde en la forma de vivir las cosas hasta en el sentido del humor. Es la típica amistad de la que sabes que por una cosa u otra (la falta de contacto durante el curso, en este caso) no explotas más de la tercera parte. Y que a ratos te llegas a preguntar si podría ser algo más. Su perspectiva de aquellos días anda por aquí.
Viene Esther. Se hace extraño verla en un terreno tan… ¿mío? Los dos días que pasamos en la cala de San Pedro, Las Negras y Almería corroboran lo que ya sabía. Está lo que encanta de ella, lo que me intimida y lo que simplemente no me gusta. En algunos momentos no me siento cómodo y en otros daría lo que fuera por que no nos separemos. Estamos de acuerdo en que es mejor cortar con la relación de pareja. Seguiremos hablando y tratando de vernos. Y despiertos seguimos soñando con viajes juntos por Europa.
Tres días antes de mi marcha de Almería aparece Teresa, que vive a escasos metros de la amenazadora pintada de la fotografía (Enrrique, tiembla). Sin más pretensiones que un simple rollo al principio, a medida que seguimos hablando cuando ya he vuelto a Badajoz evoluciona en una relación algo especial de amistad con ganas de volver a vernos. La confianza crece hasta niveles imprevistos.
Tras casi dos semanas de no tener noticia alguna de Esther, recibo de ella un email desde Bélgica en que dice tener que desatarse de todo lo que la liga a su pasado para seguir adelante, ya que es lo mejor que puede hacer por algo que antes o después caerá por su propio peso y por lo que ambos lo vamos a pasar mal. Me jode. A mí no haber dejado de sentir nada por ella en este tiempo no me supone un lastre para continuar adelante con mi vida. Me siento libre. Por ello la suya me parece una manera algo artificial de cortar con lo deberíamos dejar que acabara por sí solo. Yo no estaría dispuesto a quedarme parado por ella, no lo he hecho. Pero tampoco habría perdido con ella el contacto por olvidarla o con tal de no sufrir. Ahora que ella lo ha hecho no puedo evitar recordarla con más rencor que nostalgia.
Y mientras un sentimiento se apaga, María toma cada vez más importancia, motivo por el cual nuestra relación se sigue deteriorando.
Quise entrar por tu mirada
y sé que volveré por el camino de las lágrimas.
Es lo que tiene ser intruso del uso
del amor más insulso.
Que incluso la alegría me pregunta cada día
que si casi se me olvida que no la puedo ignorar.
Le digo que tristeza es la que mejor me besa
cuando la noche comienza y no pienso en nada más.
Me voy al centro de mi corazón
para decirle: escúcheme usted,
que yo quiero que lata, que me dé la lata.
Que si se me parara no sabría lo que hacer.
Que yo quiero que lata, que me dé la lata.
Que si se me parara yo iba a enloquecer.
Yo iba a enloquecer aquella misma tarde.
Menos mal que tú me despertaste,
a tu manera.
Viaje al centro de mi corazón – Shinoflow
Algo que tengo más claro si cabe después del verano es que no puedo quedarme parado si el cuerpo no me lo pide. Necesito vivir sin más reglas que las que yo mismo me imponga y dejarme llevar por los impulsos que son mi motor para afrontar consecuencias después. Permitirme dar vueltas hasta confundirme.
Sentirme así de libre es incompatible con la monogamia y por tanto uno de los motivos que devuelven mis aspiraciones con María a la parcela de lo imposible.
También es incompatible con coartar mis sentimientos en pro de un bienestar superficial, como sería evitar pensar en una persona. ¿De qué me sirve dejar de sufrir, si dejo de serme fiel? No voy a forzarme a sacarla de mi cabeza.
En cierta medida, se ha acabado yendo sola. O sigue de manera sana, al menos.
Y las cosas que han sucedido desde entonces (que haberlas, haylas) son ya otra historia.
Y esto es una foto de la cala que me apetecía colgar:









julio 25th, 2008 at 6:25 pm
[...] el que llevaba a la ciudad. La auténtica y definitiva despedida varias semanas más tarde, cuando salías de Almería, fue mucho más [...]