En un impulso que hasta a mí me pilla por sorpresa presiono la tecla de llamada.
Da señal. El corazón se acelera. Estoy nervioso; ha pasado un año y medio desde la última vez que supe nada de ella. No me lo coge. Con cada tono de llamada el pecho me palpita más fuerte. Trato de concienciarme y sigo esperando, hasta que los tonos finalmente cesan.
Me tranquilizo. Me siento disponiéndome a pensar en cualquier otra cosa.
Pasa un minuto y vibra el móvil. Es ella.
-¿Sí?
-Hola, ¿me has llamado?
Pensaba que podría haber cambiado de número, pero es su voz. Casi seguro. Hay ruido ambiente; está en la calle.
-Sí. ¿Esther?
-Es que no sé quién eres.
-¿Eres Esther?
-Sí.
-Vale; ¿no te suena mi voz ni nada?
-Mmmm, pues no.
-¿Estás en Salamanca ahora?
-No. Pero no me has dicho quién…
-Ya. uhmm-, la pregunta del millón – ¿te suena David?
Pausa. Eterna. Me pregunto si está tratando de caer en quién soy, o si lo sabe perfectamente y está pensando qué hacer. Sólo escucho el ruido.
-¿Hola?
Y fin de la llamada.
No es que me esperara otra cosa.
Por mi parte, viene a ser lo de siempre. Mi testarudez de seguir intentando lo imposible, consecuencia de mi incapacidad de pasar página del todo. De vivir con fantasmas. Esporádicos, pero fantasmas al fin y al cabo.
También es cierto que me darían menos el coñazo si ella no hubiera pretendido arrancarme de su vida de cuajo.
Es verdad que hay otras personas con las que soy yo el que impone la incomunicación. Y sí, puede ser igual de infantil. Pero, en primer lugar, si el problema es sólo que algo me duele demasiado para afrontarlo, trato de que lo sepan. Si hay cierto rencor por alguna de sus formas de actuar, también intento hacérselo saber. Por tener la mínima consideración con la otra persona, para empezar, de no obligarla a estar al margen si no quiere. Nunca colgaría en mitad de una llamada a alguien que muestra interés por saber qué pasa por mi cabeza, por qué hago lo que hago, qué fue o es para mí.
En segundo lugar, tampoco me lo planteo como una incomunicación definitiva. Aunque a menudo sí indefinida. “¿Y cuál es la diferencia?” dirás. Aunque es difusa, creo que lo considero distinto porque no acabo con todos los canales de comunicación que me podrían llevar a esa persona. Supongo que es la diferencia entre decidir no regresar a una ciudad, ya sea por un tiempo o para siempre, y en necesitar además bombardear la carretera que lleva a ella para asegurarte de que no se te ocurrirá volver.
Y esto sí es por mí y por nadie más. Me parece estúpido. Como si necesitaras no enfrentarte más a su nombre ni a sus recuerdos para convencerte de que ni quieres ni querrás jamás volver a saber de esa persona. Como si sólo pudieras ser feliz a base de borrar toda pista de que pasó por tu vida. Me parece hipócrita negar algo que has vivido. Asume que pasó y vive con ello. A menudo las relaciones que te tientan a borrarlas de tu cabeza son las que más merece la pena vivir. Y si vivirlas merece la pena, por qué no recordarlas.
En fin, sé que me hago un mundo de algo que debe de ser normal. Y que debo de resultar pesado, porque no es la primera ni la séptima vez que hablo de este tema aquí. Pido disculpas. Pero es que hay algunas cosas que por más empeño que le pongo no entiendo.
La llamada fue el miércoles de la semana pasada, dos días antes de irme a Madrid. Realmente podría haber tratado de contactar con ella por teléfono en cualquier otro momento, hace 4 meses o dentro de 6. El motivo por el que lo hice ahora, precisamente ahora, es porque me planteé la posibilidad de que, dado que voy a Salamanca en Carnaval con mis padres, podríamos vernos si es que ella sigue estudiando allí. Figúrense si vivo en los mundos de Yupi, cuando se me ocurre esa idea con alguien que no se atreve ni a escucharme por un móvil.
PD: La canción es descargable.

febrero 21st, 2009 at 8:14 pm
No querer saber nada más de una persona no supone borrar la de tus recuerdos, es al recordar el pasado cuando decides que no quieres que este en tu presente.
Por mi parte lo veo muy normal.
febrero 23rd, 2009 at 9:48 pm
Viene al caso: he vuelto a contactar con Pablo Mier. Toy creciendo =)
febrero 26th, 2009 at 11:09 am
Anónimo, quizás no me he explicado. Claro que me recuerda.
Cuando hablo de olvidar no me refiero a literalmente no recordar el pasado. Si no me recordara obviamente no actuaría así.
Me refiero a la forma de afrontar esos recuerdos. La actitud de evitar a una persona, rechazar cualquier vínculo con ella e incluso borrar todo lo que asocias a ella no es sino tratar de tenerla lo menos presente posible y, por tanto, olvidarla.
Que sea normal o no es otra historia, claro. Pero creo que le dolería a cualquiera que tuviera interés en no perderle definitivamente la pista a una persona que no se atreve ni a hacerle saber por qué le evita.
febrero 26th, 2009 at 2:46 pm
Claro que duele, pero imagínate el dolor que tiene que sentir una persona para querer borrar a otra de su vida. ¿Cuál de las dos tiene que sufrir?
febrero 27th, 2009 at 11:37 am
Muy bonito, a mí no me contestes U¬¬
marzo 2nd, 2009 at 7:16 am
xDDD estoy con Lu, contestale perraco!!
Y también estoy con el Anonimo, es normal intentar romper relaciones con alguien que te hace o te ha hecho sufrir. No es olvidar, es no abrir viejas cicatrices
marzo 5th, 2009 at 1:09 am
No contestaba a Lu porque no lo tenía muy claro y porque así tengo una excusa para escribir otra entrada. No te molestes, Lu.
Contesto a Anónimo y a Alytes (no he podido estos últimos días): No es ella la única a la que le cuesta ni la única que lo pasó mal. ¿Crees que hablar con ella no acabaría con la estabilidad que tengo en mi vida, al menos a corto plazo? ¿O que no me dolería verla en Salamanca?
Yo también tengo cicatrices de aquella relación, y no pocas.
Pero preferiría la comunicación. No tener que resignarme a entender que nunca más tendré de ella nada que no sea el recuerdo. Ni una palabra. Que no sabré ya absolutamente nada de su vida, y mucho menos cosas como si me recuerda o cómo me recuerda…
Y vale, seré yo el raro. Pero elegiría tener la opción al menos de tener con ella un mínimo contacto (esporádico, tampoco pido más), o saber su punto de vista.
junio 27th, 2009 at 2:20 am
Uff se me ponen los pelos de punta. No sabes hasta qué punto te entiendo…