“Sabía que era la última vez que nos besábamos. Pensé en nuestro primer beso. (…) Pensé en todas las cosas que habían pasado entre aquellos dos besos, en todas las calles que recorrí con ella.
Una ruta tan complicada para llegar aquí y ahora,
sin ella.”
Xavier, en Una casa de locos, otra vez.
Odio los besos de despedida. Me refiero a los que son de despedida definitiva y lo sabes. Los de “me alegro de haberte conocido”, “has sido muy importante para mí” y “no te voy a olvidar nunca”. Obviamente lo triste no es el beso en sí, sino el ser consciente de que es el previo al final inevitable de algo que no quieres que termine. Son como el último deseo de un condenado a muerte. “Quiero un bistec antes de ser electrocutado”, “quiero que me des un beso antes de pasar a ser un mero amigo para ti”. La misma mierda.
Acabo de llegar de Almería. Anoche me despedía de la ciudad y de una relación de año y pico.
No poder quitarme de la cabeza que el último beso estaba siendo en el mismo lugar que el primero sólo lo hacía más difícil.
Una parte algo masoquista de mí me obligaba a recordar todo lo que había vivido con ella durante este tiempo. Por dejarme claro, supongo, todo lo que no se iba a repetir. Y eran muchas cosas.
Supongo que era necesario que terminara. Quizás no si yo hubiera actuado antes de otro modo, pero no había marcha atrás.
Traerlo a un primer plano mental me hace sentir una especie de desgana repentina por casi todo.
Y aunque el resto de tiempo trate de estar bien, no lo he asimilado. Cuesta desmantelar todo lo que lleva asociado una persona en tu cabeza durante tanto tiempo.
Y más cuando, en la relación recién terminada, tu principal problema eras tú.


abril 14th, 2009 at 12:19 am
Condenado. Una forma acertada de describirse a uno mismo en esa situación. Joder, y para eso no hay caminos ni soluciones. Ni formas de actuar, ni forma de llevarlo. Me temo que solo te espera tragar mierda. Nunca se me dio del todo bien eso de dar ánimos. No sé, prueba con el whiskey.
Que te sea leve.
abril 15th, 2009 at 10:00 pm
No te preocupes, escribo sólo para desahogarme y el momento en que más lo necesito suele ser aquel en el que me encuentro peor.
Los cambios no son fáciles nunca, y menos al principio, pero no me quejo. Mi situación no es mala, ni siquiera es peor. Sólo es distinta y tengo que asumir que va a serlo.
Pero gracias. Me alegro de verte por aquí.