Llego con mi padre a Puerta Purchena, uno de los lugares emblemáticos de Almería. Entramos en un hotel de fachada estrecha. La recepción es algo claustrofóbica, con el mostrador a la izquierda a lo largo de la estancia, ocupando más de la mitad del espacio.
Una mujer mayor muy sonriente sale al encuentro con mi padre. Mi padre está serio. No sé muy bien por qué estamos allí.
No paran de hablar sobre un asunto concreto que no me molesto en tratar de comprender. O que mi subconsciente no quiere concretar porque en el sueño no había presupuesto para dialoguista.
Al fondo de la recepción hay unas escaleras que comenzamos a subir, poco más anchas que un metro, también algo agobiantes. Hacia delante hay un primer descansillo que da al pasillo de las habitaciones. Las escaleras continúan a 180º y dan a la calle por la que hemos entrado, mediante un enorme ventanal. Así durante un par de pisos.
Yo lo observo todo, curioso. Hay un cartel que dice algo así como que no hay calefacción porque para la conservación de algo la temperatura no debe pasar de cierto valor.
Llegamos al segundo o tercer piso, donde hay una especie de altar/mausoleo que a través de la cristalera da directamente a la calle. Hay un ataúd y dos pequeñas columnas a los lados, todo alrededor cubierto de verde y flores. Ahora sé que es por mi madre.
La mujer abre la caja y dentro hay, rodeado de gomaespuma, una especie de ataúd en miniatura. Mi padre pone sobre él la mano y lo acaricia.
La mujer se hace de él y se lo entrega a mi padre.
Y me mira.
-Ella dejó esto para ti.
Unos centímetros por debajo de donde aún queda la silueta del hueco del miniataúd en la gomaespuma, coge un papel enrollado a modo de papiro y me lo da.
Ahí es cuando lloro. Como nunca había llorado antes, de forma exagerada, como perdiendo el control por completo. Estoy de cuclillas. En mi mano izquierda siento que el rollo tiene bastante papel, por lo que presupongo que habrá mucho escrito en él.
Lo siguiente que recuerdo es a mi padre en la acera frente a la entrada del hotel, con el pequeño ataúd bajo el brazo y sentado sobre un caballo de cartón piedra.
-¿Nos la llevamos?- pregunto.
-Sí, ahora los de El Árbol se van a ocupar de ella, está todo arreglado.
En el sueño sé perfectamente qué es El Árbol y dónde está, claro. Es más, sé que está en algún punto del Zapillo, mi barrio allí.
Ahí despierto. No estoy llorando ni parezco haberlo hecho.
Cuando mi madre murió en Almería yo tenía 4 años. Era demasiado pequeño para darme cuenta de lo que implicaba. No sé cuándo ni cómo lo asumí completamente. Y aunque me doliera porque la necesitaba, no tenía que “seguir adelante” sencillamente porque no era consciente. Y creo que nunca lo he llegado a ser. Hay otra gente que ha cargado con ese peso a mi alrededor. Las veces que he llorado ha sido más al pensar cómo había afectado a mi familia que por la pérdida que yo sentía.
Imagino que este sueño era una forma de enfrentarme a una realidad a la que en cierto modo doy la espalda.
Yo era de las personas más importantes en su vida, pero vivo casi como si no hubiera existido. El sueño me hizo cuestionarme si es justo con ella. Es cierto que soy yo el que tiene que seguir viviendo y ser feliz, pero me pregunto si no debería tenerla más presente.
Después de muchísimo tiempo volví a sentir no tenerla y la frustración de que no haya llegado a ver en qué me he convertido, ni siquiera vislumbrar en qué me iba a convertir. Tampoco yo, a diferencia de mi hermana, puedo recordar su forma de ser ni su voz. Sólo me quedan restos de momentos cada vez más difusos.
Como si el sueño no se iba a dar por vencido hasta hacerme llorar.

Junio 17th, 2009 at 4:27 pm
Me impresionas . En mi caso, mi madre murio cuando tenia 7 años, y sí me acuerdo de cosas de ellas, pero cada vez son mas difusas(como dices tu), y no puede evitar ponerme triste, pero luego ciertas personas que la conocieron bien, me cuentan cosas sobr ella y es como si pudiera conocerla mas.Bueno,esto alomejor te suena a tonteria, pero me ayuda, prueba a preguntar como era a gente que la conocio y asi, aunque no la recuerdes podras conocer como era.Espero ayudar
Una lectora
Junio 18th, 2009 at 7:40 pm
Sí, sí ayudas. Ni muchísimo menos puede sonarme a tontería, tienes toda la razón.
Tengo claro que lo de atreverme yo mismo a preguntar más sobre ella como tú has hecho es un tema que tengo pendiente.
Gracias por dejarte caer, un saludo.