Si me diste la espada
justo cuando te necesité…
Ahora no tiene importancia.
Ahora existen mil demonios
ocupando tu lugar.
Que algunas cosas nunca cambian
y otras tienen que cambiar
para hacernos sitio,
que podamos respirar.
No siento en la vida nada más
que estar hecho de un solo metal
y que tú estés hecha de tantos metales.
No lamento nada más
que no poder estar contigo
que es donde quería estar.
Y ahora quiero
perderme y no encontrarte nunca más.
Sale el sol y da
contra el cristal.
Si no quebranta el vidrio,
qué coño va a quebrantar.
Si volvemos a vernos
algún día por casualidad
no podrás decir que yo no lo intenté;
que me dejé la piel y la cabeza
intentando resolver
el enigma que impide que te pueda comprender
que se interpone entre nosotros como una pared.
Si nos vemos de nuevo…
Si me diste la espalda – Los Planetas
“Nunca dejes de luchar por lo que quieres”.
La frase con la que terminó la conversación en cualquier otro momento me habría parecido algo vacía, casi una de esas que películas o canciones de moraleja simple revisten de filosofía de vida y terminan en nicks de adolescentes.
Pero en ese momento me hizo pensar. Porque no lo había hecho. No había hecho nada y había dejado que otros lucharan por lo que yo quería, hasta que se habían cansado. Y, pensándolo, quizás no era la primera vez, pero sí la que más me dolía.
Dañar a una de las personas que más me importa no era algo que yo quisiera.
Que una relación que había durado dos años, el máximo que nadie ha llegado a aguantarme, a pesar de límites difusos, vaivenes y distancias, terminara de esa forma, no era algo que yo quisiera.
El problema estaba, obviamente, en definir lo que yo quería, lo cual era complicado. Es fácil tener claro lo que de ninguna manera quieres, pero todo lo demás, lo que estás dispuesto a no rechazar e incluso lo que deseas, a veces se pierde en una neblina de pensamientos y actos confusos e incluso contradictorios.
Hace unos años todo era mucho más claro. La ruptura de mi primera relación supuso una ruptura conmigo. Me hizo llegar a conclusiones en muchos aspectos, desarrollando una serie de formas de pensar de las cuales bastantes reflejé en el ángel exterminador.
Ahora las leo y pienso que pecaba de idealista, de ingenuo y de necesitar certezas a las que aferrarme.
Y puede que fuera así, pero aquellas ideas eran coherentes entre sí y yo era medianamente consecuente con ellas.
Con el paso de los años he evolucionado hacia una postura más pragmática pero sin llegar a perder del todo parte de aquella forma de pensar. Podría pensar que lo que he hecho ha sido madurar, pero en momentos como este me pregunto si realmente ha sido un progreso.
Cada vez más he actuado buscando mi bien inmediato, sin guiarme tanto por directrices morales. He llegado a hacer cosas que chocarían frontalmente con algunas de las ideas de las David de entonces. Y probablemente con las del David de ahora, si cuestionara mis actos más de lo que hago.
Así, en las relaciones he pasado de ser de algún modo la víctima a ser el que daña. Aunque lo pasara peor, en cierta manera era más sencillo entonces porque mi responsabilidad parecía limitarse a sacar conclusiones sobre lo que había ocurrido, darme energías y superarlo. En realidad yo salía reforzado.
Ahora es ver a alguien que me importa sufrir por mis actos, a menudo asumir que he hecho algo mal y preguntarme el qué. Supongo ya era hora.
E imagino que parte de las causas de ese cambio es que también en algunos aspectos de mi forma de ser soy muy distinto a entonces, sin que necesariamente mis ideas al respecto hayan variado demasiado.
Yo solía defender que había que ser racional para tomar decisiones racionales, pero que para vivencias de tipo sentimental había que dejarse llevar por los impulsos. Ahora me dejo llevar, sí, pero desde cierta distancia. Asumiendo la perspectiva de que todo lo que pase antes o después terminará y tengo que estar preparado. De ese modo dejo que parte mí entre a trapo y se arriesgue mientras mi otro yo vigila, frío, recordándome que el largo plazo no existe.
He pasado de defender la verdad y la transparencia total como valores absolutos a defenderlos a medias, y a menudo cuando me interesa. Ahora soy yo el que no se comunica al 100%, quien evita que ciertos pensamientos y sensaciones salgan de su voz en off mental.
Y soy yo el que es capaz de dividir su mente en compartimientos estanco y dejar que varias experiencias vitales como relaciones no se influyan entre sí.
No todos los cambios son a peor, ni soy todo lo contrario a lo que era. Aún me cruzo con gente a la que verdaderamente le cuesta o no valora comunicarse, que es una estatua de hielo con y sin proponérselo y que controla por completo cómo y cuánto quiere vivir lo que vive.
Lo que ha cambiado es que entre ese especímen, cuya actitud yo siempre criticaba, y yo, la diferencia se ha vuelto gradual, cuantitativa. No soy tan distinto a ellos. No hay una línea clara. A veces soy como ellos, sólo que menos.
De ser capaz de recitar mi manual de instrucciones a cualquier nueva pareja que tuviera he pasado a ser yo el que está hecho de tantos metales, el complicado, el que daña y provoca que mil demonios le sustituyan.
Por eso, antes que llorar sobre el teclado por una ruptura, me dio por poner en palabras los problemas que han llevado a ella, que están en mí y que si no hago nada me perseguirán durante la relación actual, la siguiente y la de después.
Al igual que alguien puede conducir sin volante en una carretera recta, uno puede vivir siendo más o menos consciente de sus contradicciones sin cuestionárselas demasiado hasta que llega una curva y le hacen estrellarse.
Del hecho de haber perdido innecesariamente a una persona que me era tan valiosa me consuela sólo saber que, a día de hoy, es lo mejor para ella.
Y que probablemente es lo que yo necesitaba para reaccionar.
No sé muy bien de qué ha servido esta entrada, ni exactamente cuáles ni cómo, pero creo que tengo bastantes cosas por cambiar.
Gracias a ti, por correr a mi ritmo persiguiendo una felicidad plena que nunca llegaba.


enero 21st, 2010 at 8:54 pm
[...] en la forma de encontrarlo. Y es que de vuelta del fugaz viaje a Granada que fue el detonante de esta entrada, buscando un rincón donde pasar la noche en el aeropuerto de Madrid, me topé con Juan Pablo, un [...]
enero 22nd, 2010 at 12:07 am
Sabes que no puedo entender todo … Pero si, digo SI, leo entre las lineas (eso quizas sea una expresion francesa) tienes que contarmelo con palabras que entiendo para que no me equivoco.